El desaliento es el decaimiento de ánimo, el desfallecimiento de las fuerzas. Toda una maravilla para una hegemonía despótica y depredadora que impera por las malas y las peores sobre un pueblo desalentado. El desaliento social y el despotismo depredador se alimentan mutuamente. Depaupera e impera, se aconsejaba en la antigüedad. Ese consejo, convertido en realidad, sigue vigente en la Venezuela de estos años de mengua, en pleno siglo XXI.

En casi todos los países del mundo, la llamada cuarentena ha tenido y tiene una naturaleza sanitaria: tratar de contener la propagación del Covid-19. En unos con indudable éxito, en otros con resultados magros, y en no pocos sin logros que exhibir. En los países donde no hay democracia política, sino que imperan regímenes de distintas variedades despóticas --aunque se "auto-identifiquen como democráticos"-- desde despotismos leves hasta férreos, desde habilidosos hasta crasos, el tema de la manipulación política del Coronavirus y de la cuarentena, siempre está presente.

Mi abuela decía que "la envidia es una mala semilla", y le enseñó a sus hijos y nietos a siempre evitar ese sentimiento que a la larga atenta contra quien lo siente como a quien es objeto del mismo.

En medio de la catástrofe humanitaria, de la propagación acelerada del Coronavirus, de la cuarentena político-militar,entre otros horrores que padece Venezuela, la hegemonía roja ha desplegado una enésima ofensiva despótica para terminar de extinguir la soberanía popular, como bien señala Gehard Cartay, y para obstruir o bloquear cualquier posibilidad  de participación electoral. El proceso para llegar hasta acá, ha sido paulatino y habilidoso, pero creo que no deberían quedar más excusas que justifiquen los asaltos. Al menos, claro está, que el justificante sea un mandonero del poder o un testaferro económico o político que, no por casualidad, suelen ir ligaditos.

Rincón del Gurú-.  Quisiera saber de qué Trump hablan tantos analistas y opinadores que desatan sus más bajas pasiones y sus rencillas más mezquinas, quisiera saber de quién hablan esos personajes que articulan incontables caracteres en la prensa y en páginas web, y ni hablar de los innumerables minutos en la televisión, para criticar la política de Donald Trump.