Les confieso algo, previo a iniciar este artículo tenía muchas ideas y a la vez no tenía ninguna clara para desarrollar en la presente columna. Y, ¿qué pasó? Llegaron a mi oficina un grupo de damas a solicitarme apoyo para un evento que realizarán  en rechazo a “todo tipo de violencia contra la Mujer”, el cual apoyaré, y en medio de la conversación surgió un tema escabroso, aunque no tanto en Venezuela, como es el discurso de la “Identidad de Género”.

Un derecho adquirido es una facultad que suele consagrar un bien y que una vez que se obtiene ya no se puede afectar, ya no tiene vuelta atrás, para decirlo de manera sencilla. Se pensaba en América Latina que la consecución de la democracia política, y sus debidos connaturales, el camino que conduce al desarrollo económico con justicia social, podían apreciarse como derechos adquiridos. Una vez obtenidos, seguramente que después de largos años de inmensos esfuerzos, ya la democracia había llegado para quedarse. No exenta de fallas o muchas fallas, no carente de alti-bajos, no como remedio definitivo para las grandes crisis, pero sí como un sistema básico de libertades y oportunidades que ya no podría ser revertido. Una equivocación fatal...

Es verdad que Lenin decía que los hechos eran tercos. Y las realidades son sumatorias incontables de hechos. No se las puede cambiar, así como así, como por arte de magia... Hasta cierto punto, él las pudo cambiar en su vasto mundo plurinacional --como se diría ahora--, pero no así como así. Fue un proceso de calado histórico, y fue en esfuerzo colectivo que tuvo uno de los más elevados costos humanos en toda la historia. Lo que jamás hubo en él y entre los suyos fue resignación.

¡Vamos por los 100 mil! Sí, vamos rumbo a los 100 mil anzoatiguenses atendidos por la Caravana de la Salud en este 2019, esta es la meta y la vamos a cumplir, porque nuestra administración no la detiene nada, ni nadie.

Nuestra catástrofe nacional solo puede agravarse mientras dure este régimen. Nada puede ser peor que esta carrera desbocada hacia el precipicio, pensábamos. Pero he llegado a la conclusión que sería mucho peor el fracaso del nuevo gobierno en el primer año. Fracaso muy probable si los contrarios a la dictadura no ponemos desde ahora todos los medios para el pleno éxito de la democracia rescatada. Todos unidos desde ahora para el éxito de Venezuela en la reconstrucción del país. Para ello necesitamos ver con claridad las causas que nos llevarían al fracaso postchavista y cuáles son las condiciones indispensables para evitarlo.

La industria del cacao, con su siembra, cosecha y comercialización,  fue fundamental en el desarrollo económico, político y social de lo que hoy conocemos como Venezuela. Frente a ello, en esta semana quiero publicar una cronología del auge y de la caída de este producto en los tiempos de la colonia.