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Sáb, Oct

Carta abierta a la Alta Comisionada DDHH ONU, Michelle Bachelet // Por: Armando Armas @ArmandoArmas

Opinion

A Verónica Michelle Bachelet,
Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas
Su despacho. - 

El pasado 10 de agosto, recibimos con beneplácito su ratificación como Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas.

¿Quién mejor para este rol que una mujer que ha sido víctima de las atrocidades que ya conocemos y que además es una activista por los Derechos Humanos, así como eficiente funcionaria pública y líder política comprobada? Por no mencionar el hecho de ser latinoamericana, en un momento en el cual la región necesita -más que nunca-, de voces fuertes y acciones contundentes en el ámbito de los derechos humanos.

Como ya debe saber no la tendrá fácil. El mundo hoy está sufriendo importantes retrocesos en cuanto a prácticas democráticas se refiere. El cargo que hoy ejerce ha sido el blanco de ataques por parte de quienes se saben al margen de los Derechos Humanos. Ejemplo claro de esto es Venezuela, un caso trágico y que agradecemos haya puesto en el foco de su primera intervención como Alta Comisionada de Derechos Humanos

Perversos mecanismos de control social y político como el hambre, el terrorismo de Estado y la tortura son algunas de las tretas utilizadas por el régimen venezolano para aferrarse al poder. Como usted bien conoce en carne propia, los regímenes dictatoriales no conocen de límites ni escrúpulos para aferrarse al poder. ¿El resultado? Miles de ciudadanos en su momento en Chile y millones, actualmente en Venezuela, obligados al exilio.

Pero a diferencia de su país de origen, el caso venezolano representa una crisis humanitaria sin precedentes en el hemisferio occidental. No se trata solo de los presos y perseguidos políticos, sino también a los llamados “caminantes”; connacionales que huyen del país en busca de supervivencia ante la imposibilidad de encontrar medios de subsistencia en su propia tierra donde paradójicamente subyace la mayor reserva de petróleo del mundo.

Es tan terrible la situación venezolana que pocos días atrás, su colega y médico pediatra, Carlos Amundaray, quien fue director de la Cruz Roja En Cumaná, estado, Sucre, decidiera quitarse la vida por la impotencia y depresión que le generara ver a niños morir producto del colapso de los servicios sanitarios del hospital en el cual trabajaba.

¿Quién hubiese pensado que, en Venezuela, un país que le extendió la mano a tantos países en sus momentos más sombríos estaría pasando por esto en pleno siglo XXI?

Usted conoce en carne propia el sufrimiento de quienes decidimos hacerle frente al oprobio cuando las armas de la República se vuelcan contra de las ideas. Tal y como lo hiciera usted en su momento histórico, yo formo parte de una generación que se ha forjado al calor de una lucha cuyo saldo es incalculable en lágrimas, persecución y sangre. La perversidad desde el poder en Venezuela no ha conocido límites. Y esto no es nuevo. Para muestra el caso de desalojo de “Los Semerucos” en 2003 (http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/latin_america/newsid_3141000/3141254.stm) o la muerte de Franklin Brito, un pequeño productor agrícola quien falleciera en huelga de hambre luego de que el régimen le hubiese arrebatado sus tierras de manera ilegal (https://www.abc.es/20100831/internacional/franklin-brito-201008310437.html)

En Venezuela fue avanzando un proceso doloroso que se erigió en primera instancia en los escombros de una democracia golpeada, apalancándose en el resentimiento social y la frustración del pueblo; una Venezuela entonces acostumbrada al paternalismo gubernamental y un Estado incapaz de sostenerlo.  Accedieron así y al poder los que hoy secuestran el país, con ánimo de revancha, típico de las “revoluciones”. Y todo esto no hubiese sido posible sin la connivencia de una élite irresponsable que apostaba a recuperar privilegios perdidos, y o seguir depredando al Estado en un hiperrentismo, en lugar de asumir una verdadera corresponsabilidad y sacrificio, indispensables para el desarrollo y el consecuente progreso de una Nación.

Y aquí estamos, luego de 20 años de “Revolución” sumidos en la miseria, el atraso, la violencia, el hambre, la escasez de tratamientos médicos, todas ellas razones que conllevan a la muerte de miles de personas. Quienes nos oponemos a esta catástrofe sin precedentes estamos inevitablemente destinados al destierro, la cárcel, la tortura o la muerte.

¿Sabía usted que al igual como lo fuese un día su padre, Alberto Bachelet, general de la Fuerza Aérea de Chile, existen 51 miembros del Ejército, 20 de la Guardia Nacional y 12 de la Armada injustamente tras las rejas? 17 miembros, por cierto, pertenecientes a la Fuerza Aérea. Tal es el caso de la Capitana Laided Salazar, el cual se convirtió en emblemático por ser acusada, junto a otros nueve militares, de querer atentar contra el país. El 14 de abril de 2014 fue detenida por la Dirección General Contra Inteligencia Militar (Dgcim). La militar pasó por cuatro centros de reclusión y llegó a pesar 35 kilos. Sin juicio justo, sin garantías, en total indefensión.

Entre los informes elaborados por la oficina que usted hoy dirige, se demuestra detalladamente la existencia de cientos de presos políticos y de los atroces mecanismos de tortura a los que han sido sometidos.

Al igual que usted, en su momento, muchos venezolanos que se oponen a tanta injusticia padecen el destierro. Historias como las de Carlos Vecchio quien teniendo a su esposa embarazada tuviere que irse a la clandestinidad y luego al exilio es una de tantas historias que no pueden ser pasadas por debajo de la mesa. Y como él, cientos.

En pleno siglo XXI, los venezolanos enfrentamos una DICTADURA, que ha detenido arbitrariamente a miles de disidentes, se han cometido los más atroces actos contra mujeres, la justicia ha sido secuestrada por un puñado de jueces al servicio exclusivo del Ejecutivo y lugares como “La Tumba”, se han convertido en renombrados sitios de tortura a manos de la policía política. Entre los casos recientes se encuentra el del reportero gráfico Jesús Medina, preso hace pocos días.  (http://www.venezuelaaldia.com/2018/08/31/fpv-el-sebin-tendria-recluido-a-jesus-medina-en-la-tumba/)

No puedo culminar esta carta sin hacer mención del más reciente caso de atropello ejercido por la tiranía de Nicolás Maduro. La detención y encarcelamiento de mi querido amigo, colega, Juan Carlos Requesens, parlamentario arbitrariamente detenido el pasado 7 de agosto.

Un acto que viola cuanto establecido en derechos humanos y que además atenta contra el fuero parlamentario, institución internacional que establece los mecanismos para enjuiciar a un diputado de la Republica.

La dictadura encarceló a Requesens violando su inmunidad parlamentaria, socavando su derecho a la legítima defensa, presentado videos con signos evidentes de tortura y negando el acceso al diputado, de sus familiares y abogados, hasta la fecha impedidos de algún contacto.

Juan, se une a la larga lista de presos políticos que el régimen, intenta callar para mantenerse aferrado al poder. El mundo ha condenado estos actos que deterioran la ya grave situación de violación a los derechos humanos en Venezuela.

Estamos pues, presenciando una dinámica donde el uso del poder elimina todo vestigio de dignidad humana y pretende tiranizar a un pueblo entero. Hecho por el cual, no es de sorprendernos que la estima del éxodo venezolano esté alrededor del 10% de la población generando conflictos y brotes de xenofobia que en nuestro continente creíamos superados.

Estoy convencido que hablo por muchos cuando le digo que como venezolano, mi esperanza, entendiendo que nuestro problema es demasiado complejo para poder ser resuelto por nosotros solos, recae en parte en figuras como la suya.

Señora Bachelet. Con mucho respeto, le digo que tiene usted dos caminos ante esta situación:

Uno sería el de sucumbir al dogma ideológico y a las taras típicas de la izquierda ortodoxa cínica, a la que aún le cuesta condenar los crímenes de lesa humanidad cometidos por los Castro, así como por Mao o Stalin.

El otro es el camino que, a los venezolanos, los latinoamericanos y los amantes de la democracia y los DDHH sabemos es la correcta: la de asumir los derechos humanos de manera principista, sin maniqueísmos ni cálculos políticos.

Los Derechos Humanos en todo su espectro han sido violados de manera masiva y sistemática y progresiva a lo largo de 20 años en Venezuela. La garantía a la vida, a la dignidad, al trabajo, a la democracia, la no discriminación, el respeto al medio ambiente, no sólo no existe en Venezuela, sino que se vulneran desde el poder.

En este sentido, la condena debe ser contundente, como lo debe ser también la superación de esta situación. Los Derechos Humanos están por encima de cualquier ideología. Los venezolanos esperamos que, en este nuevo rol que desempeñará, usted también lo esté.

Sus recientes palabras ante el Consejo de Derechos de Humanos de la ONU, donde afirma que hará “todo lo que sea posible para que los derechos humanos no sean simplemente una declaración, sino que se hagan realidad para todos”, representa una luz en la oscuridad en la que estamos sumergidos los venezolanos.

Deseando que su postura firme contribuya no sólo a elevar la conciencia sobre la terrible situación de Venezuela, sino también a detener el horror y la impunidad.


Me despido respetuosamente,

Diputado Armando Armas

Presidente del Grupo Venezolano de Parlamentarios para la Acción Global

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