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Jue, Oct

Propiedad privada // Por: María Alejandra Malaver @malemalaver

Opinion

“Exprópiese”, con esta palabra empezó la destrucción de Venezuela. Muchos podrán acordarse la imagen del expresidente Hugo Chávez caminando por el centro de Caracas y ordenando la expropiación de tal o cual inmueble.

A partir de ese momento comenzó la debacle que se constituyó en la crisis humanitaria que estamos padeciendo en este momento los venezolanos. Y, como la historia es cíclica, esta situación puede repetirse, pero esta vez en un carácter local.

No es extraño para nadie pensar que el proyecto de Nicolás Maduro es el mismo que viene azotando a Cuba desde finales de la década de los 50. El comunismo es el fin último de Maduro y todos aquellos dogmáticos que lo siguen a ciegas por doquier.

Ahora bien, el comunismo busca la destrucción de la propiedad privada. Y, ¿Quiénes son los poseedores de propiedad en la estructura del Estado? Primero el Estado nacional que ya arrebató empresas, enormes haciendas productivas, consorcios y demás, y después los municipios.

A través de los Concejos Municipales el oficialismo buscará el control político y las herramientas jurídicas necesarias para avanzar en su plan: el comunismo.

Con el control de las cámaras municipales empezarán con la expropiación o el rescate de bienes e inmuebles dentro de las diversas ciudades. Y justo esto es lo que ellos quieren hacer en Lechería.

La toma de la Cámara Municipal de Urbaneja, como ellos lo plantean, no es solo control político y obtener la joya de la corona, al vencer en un territorio donde nunca han ganado, sino que pretenden tener la forma expedita para conocer el número de terrenos no desarrollados y el número de apartamentos o residencias solas para apoderarse de ellas.

Si el Psuv llegase a tomar el control del poder legislativo de Lechería le tendremos que decir adiós a la ciudad tal y como la conocemos en este momento. Ya no existirá más.

De aquí la importancia que los vecinos, más allá de las posiciones de los actores políticos, tomen la batuta en la protección de su propiedad y de su forma de vida. Debemos construir una real unidad y una oposición verdaderamente comprometida con el país y la ciudad para defendernos de los ataques del Gobierno.

Por este motivo, como concejal y como dirigente político he apostado a la decisión de abrirles paso a los ciudadanos en aras que sean ellos los protagonistas de esta nueva batalla por la libertad.

Sigo haciendo votos para que la consciencia política de Lechería despierte, que las castas de los partidos políticos entiendan lo que está en juego en la actualidad y den un paso a un lado para cohesionarnos y salir monolíticamente a defender la propiedad privada y la vida de los lecherienses.

Este es mi principal ruego, mi afán y mi compromiso como ciudadana, como mujer de Lechería.

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