Se desata intenso debate sobre la legalización de las criptomonedas en Venezuela // Por: Alex Vallenilla @alexvallenilla

Escrito por Alex Vallenilla @alexvallenilla el . Publicado en Opinion

Abogados las tildan de ilegales, economistas de que no tienen confianza y los políticos venezolanos de oposición adelantan que será un fracaso del régimen de Nicolás

El debate que ha desatado el anuncio de implementar una criptomoneda en Venezuela, promovida por el mismo Estado venezolano, ya una actividad legalizada en la Gaceta Oficial N° 6346, ha generado mucha confusión. Antes hay que señalar que 85% de la población venezolana desconoce del tema. Hay abogados, economistas y políticos, que nunca han hecho una operación con este tipo de instrumentos, que han incurrido en ligerezas, por no conocer la materia.

Para hablar de las criptomonedas, antes hay que tener claro que todavía es un terreno de los informáticos y saber como la tecnología influye en que algunas regulaciones estatales sean imposibles de cumplir, por lo tanto viola las legalidades. En que el desempeño económico, hoy dirigido desde plataformas digitales, tiene a un nuevo actor que seduce en el mundo a todo el que se involucra en las monedas virtuales, además de las ganancias que sin pensarlo, muchos han obtenido, contra las pérdidas del dinero fiduciario. Los políticos, que apenas logran descubrir la ciber-política, y se obstinan en dirigirse a su público a través de redes sociales, con discursos demagógicos, por sólo hacer oposición, ahora viven entretenidos con este “juguete”, desatinan en saber exactamente qué busca el régimen con la propuesta.

Ninguna criptomoneda en el mundo ha surgido de ninguna legislación, y son usadas y demandadas por millones, el crecimiento sigue. En este aspecto los abogados tienen hasta ahora la batalla perdida, decir que la criptomoneda es ilegal, no tiene sentido alguno tal afirmación, ninguna lo ha sido hasta ahora, no han sido reconocidas por algún Estado o banco central. Venezuela, bajo el mandato de Nicolás, es un Estado que ha dado legalidad a la misma, la razón es que su régimen, ahogado en una profunda crisis económica, por falta de divisas, por caída de ingresos petroleros debido a la fuerte corrupción y daños en la industria petrolera, con todos sus dirigentes sancionados por autoridades financieras globales, buscan desesperadamente métodos de pago o intercambio que les ayude a burlar las reglas internacionales en materia de finanzas. Hasta ahora las criptomonedas no tienen jurisdicción, no pertenecen a ningún país, por ejemplo, una operación en  intercambios que son globales, hay mineros en China que verifican la operación, casas de cambio en Europa en la que se produce el intercambio de un comprador en América y un vendedor en Australia.

Del lado de los economistas, hay quienes señalan que “no hay confianza”, que se trata de una “emisión de deuda”, otros indican que nadie cambiaría sus dólares por criptomonedas. En el aspecto de la confianza, hay que decir que la población confía en monedas fiduciarias, -dólares, euros, libras, yenes, etc-, dinero que es emitido por bancos centrales, dinero del Estado, que se origina tras las “políticas monetarias” de las autoridades financieras, de políticos inescrupulosos que dirigen estados deficitarios y sobre endeudados, como los que hoy hay en prácticamente en todo el mundo, esto lo confunden con que una moneda tiene “respaldo” en la productividad de la economía de un país. Los burócratas emiten dinero cada vez que los estados necesitan, un caso de estos ha sido Venezuela, lo que genera devaluación del dinero fiduciario, más en la escala global en que los bancos centrales luchan para sostener el excesivo endeudamiento que está a punto de provocar una crisis de gigantescas proporciones, es en esto en lo que realmente “confía” la gente.

La diferencia con las criptomonedas es que estas se generan de manera controlada, matemáticamente y son limitadas, cada operación queda registrada en la “cadena de bloques”, una tecnología que está revolucionando el mundo de las finanzas, que tarde o temprano los estados tendrán que adoptar para que muchos procesos se hagan desde esas plataformas. En el caso de la criptomoneda que plantea el régimen de Nicolás, se señala que se trata de una emisión de deuda, por tener un respaldo que el mandatario ha anunciado, con petróleo cuyo valor se cotiza en la cesta OPEP. Una emisión de deuda tiene otras características distintas, genera premios o cupones, que es lo mismo que pago de intereses, genera renta, las criptomonedas no generan renta, su valor se establece por la oferta y demanda del mercado, por lo tanto no se puede confundir con este instrumento. Se debe entender que si la criptomoneda planteada, es descentralizada, no le pertenecerá al Gobierno, ni al Estado, sería igual a cualquier otra que no tiene jurisdicción, el asunto del “respaldo” tiene que ver en que el Estado venezolano se compromete a reconocer lo que vale un barril de petróleo, a quien tenga un “petro”.

En el caso de los políticos, apenas se limitan a emitir burlas, como una clara confesión del desconocimiento del tema y con esto crean falsas expectativas entre sus seguidores de que el asunto no resultará. Hasta ahora, si lo que está planteado en la Gaceta Oficial, se hace bajo tales términos, les va a dar resultado, esto debe traducirse en una forma de dolarizar gran parte de la economía venezolana, a través de las criptomonedas. Actualmente ya hay intercambios que están registrando personas jurídicas y naturales, bajo supervisión estatal y con compra y venta de manera libre de Bitcoin, Ethereum y otras, claramente esperarán la emisión del “petro” para ser incorporado, ¿Quién pondrá dinero en esta criptomoneda? Usted estimado lector, si, usted mismo. Como un adelanto, los servicios públicos podrán ser pagados de esa forma. Nuevamente, los políticos no deberían subestimar lo que el régimen se propone. Este artículo no tiene la intención de promover lo que el régimen de Nicolás hace, al contrario, intenta advertir lo que se proponen, lo que viene y cuáles son los fundamentos con los que están procediendo. Cada quien es libre de forjarse sus propias conclusiones.