Durante los últimos 20 años, el pensamiento político del Libertador Simón Bolívar ha sido pisoteado, manipulado, tergiversado y enlodado, por una serie de trúhanes que se hacen llamar “bolivarianos” para apoderarse del simbolismo ético que éste nombre le aporta.

Las fuerzas de izquierda, ya sean venezolanas, colombianas, bolivianas, ecuatorianas, panameñas o argentinas, chilenas o de cualquier otra parte, no pueden autodenominarse “bolivarianas”. No hay nada más alejado de la izquierda que el pensamiento y el actuar del Libertador.

Mientras la izquierda se autodefine como “antiimperialista”, en su trasnochada retórica en contra de los Estados Unidos de América, el gran General Bolívar luchó y derrotó a un imperio, el español, no para declararse “antiimperialista”, sino para crear su propio imperio.

Sí, la idea del Generalísimo Francisco de Miranda, de la Gran Colombea, después llamada “Gran Colombia”, estaba basada en la constitución de un Imperio Sudamericano, que serviría de contrapeso a los Estados Unidos, en el norte del continente, y a las grandes potencias Europeas en el siglo XVIII y XIX.

Entonces, debemos partir que el pensamiento del Libertador, que adoptó las ideas mirandinas, eran imperialistas, no en favor de España, Francia, Inglaterra o Estados Unidos, sino en función de la constitución de un Nuevo Imperio en el sur del continente.

Sigamos… El Libertador, en lo que plasmó en la Constitución de Bolivia, establecía la necesidad de una presidencia vitalicia, además que adoptaba la creencia de la conveniencia en América Meriodional de un sistema centralizado de gobierno, pues consideraba al federalismo como utópico e inaplicable en nuestros pueblos, además de calificarlo como una de las razones que generó la anarquía que devoró la Primera República en Venezuela.

Por consiguiente, Bolívar era un conservador centralista, es decir el polo opuesto a la izquierda de su época (si me permiten llamarle así), que se inclinaba mucho por el modelo federativo.

En la misma Constitución de Bolivia (o República de Bolívar), el aventajado estratega militar y político, defendía la existencia del “Poder Moral”, el cual no era nada parecido al invento creado a partir de 1999 en Venezuela, sino que era una cámara de diputados escogidos entre los más selectos de la sociedad, con moral intachable, con ética y con un comportamiento público sin mácula, para que velarán por la moral pública y social de la nación.

Quienes nos sentimos verdaderamente nacionalistas, quienes profesamos el ideario real del Libertador Simón Bolívar, tenemos que rescatar el nombre del mayor símbolo de nuestro país y continente; no podemos permitir que la izquierda siga enlodando la memoria del Libertador.

Así como hemos rescatado los símbolos patrios, que por algún tiempo parecían sólo de uso exclusivo del régimen venezolano, ahora tenemos que hacer lo propio con los héroes de nuestra independencia.