Los procesos sociales son tan complejos como los son las interacciones de la sociedad, sin embargo, nuestro caso es único en el mundo.

Somos un país con una sociedad caótica, con millones huyendo en desbandada cual bandada de aves que alzan el vuelo sin mirar atrás, dejando el árbol donde se posaban para no volver; un conglomerado de personas que nos debatimos entre seguir dogmas o seguir los más básicos instintos de supervivencia, ocultando la realidad detrás de parapetos y falsas burbujas de confort para disimular la inmensa frustración y miedo que tenemos ante un futuro más que oscuro de continuar esta situación donde lo que dirige al país no es un gobierno sino una banda criminal.

Se hace difícil a veces encontrar la realidad, no la verdad, pues esta hace mucho tiempo que es tan escasa como la justicia. Pero si algo podemos definir como resultado positivo es que, incluso muchos de los que subsisten gracias al esquema de dominación de las conciencias comprándolas con ilusiones, llenando quizás sus estómagos pero vaciando sus almas de todo concepto moral y llenando sus mentes con una flujo incesante de necedades, se han dado cuenta que lo que sucede no puede ser bueno para nadie, incluso para quienes ciegamente siguieron una revolución que en lugar de cumplir sus tan mencionados objetivos de paz y prosperidad, solo los llevo a ser más paupérrimos que antes.

Hay entonces una necesidad imperiosa de no desfallecer, de que aquellos que consideramos que el actual estado de la nación, de su base legal y organizativa es un desastre que se mantiene vigente mediante el terror y la persecución, usando la codicia como motivante y las armas de la república como instrumento de coacción, no desfallezcamos, pues aún tenemos mucho que hacer y nada se ha perdió… aun.

No necesito explicarle a los lectores el como llegamos hasta este punto donde los custodios de la república se convirtieron en cómplices de quienes usurpan el poder político, siendo serviles ante el corrupto, complacientes ante el hampón y brutales ante quienes no estamos de acuerdo con sus amos.

Tanta es la maldad que incluso algunos de los que considerábamos ser parte de quienes incluso con sus diferencias, decían solo estar al servicio de la justicia, resulta que solo eran apéndices de la nomenclatura criminal, seres tan bajos que por un puñado de dinero y algo de poder traicionaron no solo a sus amigos, sino a su familia y hasta a los ideales de libertad que todo ser humano aspira y tiene derecho a tener.

Pero las aguas oscuras están retrocediendo, ya la basura salió a la superficie, ya sabemos quienes dicen la verdad y quienes mienten y va siendo de nuevo el momento de seguir adelante, pues luego de un gran impulso, como dije al principio, nos llenaron la cabeza de mentiras y falsedades, lograron minar nuestra perseverancia, nos hicieron creer que ganaban, pero ellos solo ganaran si nosotros seguimos creyendo lo que ellos pretenden que creamos: que todo está perdido.

No queda más remedio, o nos defendemos o el país será arrasado.