¡Como ha crecido Juan Guaidó en un año! ¡Cómo ha aprendido! Admirado. Elogiado. Criticado. Vilipendiado. Amenazado. Insultado. Nada ha hecho mella en él. Ni la crítica ni el elogio. Parece haber nacido para esto. Para la política. Me agrada que el tiempo me haya dado la razón al abogar por él a pesar de las ofensas que en su contra profirieron durante todo el año los autollamados guerreros del teclado cómplices del régimen. Y qué dirán ahora los diputados traidores que, como siempre ocurre, han demostrado ser unos buenos para nada. ¡Plata de la corrupción perdida en ellos, infelices desadaptados!

Excelente la performance del Presidente interino en tierras europeas donde la democracia tiene asiento digno después de cruentas batallas históricas. Boris Johnson, primer ministro británico; Ángela Merkel, canciller alemana; Enmanuel Macron, presidente de Francia; el Jefe de Estado de los Países Bajos y el ex primer ministro Tony Blair. Solo algunos personajes con quienes se reunió para alertarlos acerca de la grave situación de nuestro país. Sin contar su alocución en el Foro de Davos, en Suiza, donde pidió ayuda "porque solos no podemos contra mafias organizadas", y donde se encontró con Ivanka Trump, la hija de su principal aliado, el  presidente de los Estados Unidos Donald Trump, siempre con la promesa de verse en la Casa Blanca.

En la gira, Guaidó era un Presidente en funciones y como tal fue recibido con honores en todas partes, incluida alfombra roja, exceptuando España donde Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y José Luis Rodríguez Zapatero, socios del régimen venezolano, se negaron a hacerlo. Sin embargo, allí estuvieron nuestros compatriotas al pie del cañón, plenando la Plaza del Sol madrileña para cobijarlo con sus brazos amables y amorosos, demostrándole que no está sólo y que donde quiera que vaya tendrá la compañía de sus compatriotas como celosos guardianes.

Y en medio, el escándalo del gobierno de Sánchez, al tratar de lograr que, furtivamente, Delcy Rodríguez entrara a territorio español, a pesar de la prohibición que pesa sobre ella y otros 24 funcionarios de su extraño socialismo, por la persistente violación de los derechos humanos en Venezuela; decisión esta adoptada en enero del 2018 por los ventiocho Estados de la Unión Europea.

Torpe, muy torpe la idea de viajar a España a sabotear la gira de Guaidó porque eso los dejó en evidencia y el mundo sabe ahora que es cierto que tienen prohibida la entrada a Europa, y también a los países del TIAR de América Latina. Demostración a Pedro Sánchez de que si pactas con el diablo (el impresentable Iglesias) tendrás piedras, sentencias y penas en tu camino.

Todavía más torpe fue la actitud del ministro de Transportes, José Luis Ábalos, al reunirse con ella y permitirle pasear a sus anchas por el salón VIP del aeropuerto de Barajas, en abierta violación del acuerdo de la UE.

Al final no solo no lograron su cometido, sino que el gobierno Sánchez-Iglesias quedó embarrado, investigado por el Congreso, a instancias del Partido Popular, Vox y Ciudadanos, cuyos dirigentes desagraviaron al Presidente interino otorgándole las llaves de oro y la Medalla Internacional de Madrid,  en emotivo acto protocolar que contó con el izamiento de la  bandera venezolana ondeando orgullosa al lado de la española, hermanadas en la lucha.

La presión internacional, Estados Unidos incluido, obligó al gobierno de Sánchez a que su canciller recibiera a Guaidó para darle las garantías del reconocimiento como presidente encargado que ya le han dado los otros miembros de la Unión Europea, garantías estas refrendadas por Héctor Gómez, secretario de Relaciones Internacionales del PSOE.

En síntesis, la gira de Guaidó, sorpresiva por la forma como salió de Venezuela, ha dejado ver dos países enfrentados: el país joven, decente, estudioso, preparado, en contraposición a la generación atrasada, maleducada, mal vestida, malhablada que ha gobernado los años precedentes.

Un dirigente joven, fresco, recibido con brazos abiertos en todas partes; otro, cansado, agotado, a quien sus malas artes gubernamentales le han cerrado las puertas.

Uno, humilde, "les pido perdón por los errores cometidos"; el otro, grosero, "¿y quién coño te eligió a ti, bobolongo, payaso?".

La civilización y la barbarie.

Uno, volando alto; el otro en caída libre.

¡Qué vaina!, ¿no?

Alexis Rosas

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