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Dom, Jun

Mucha gente piensa, equivocadamente, que el despotismo político-militar implica la existencia de un orden generalizado en la sociedad, en la que ese despotismo impera. No es así. De hecho, puede ser exactamente lo contrario. La situación de Venezuela lo expresa. Aquí impera un despotismo, pero al mismo tiempo el país se deshace en un caos que lo abarca todo. En el imaginario popular se conserva la noción de que los regímenes de Gómez o Pérez Jiménez, en Venezuela, alcanzaron un orden social que estaba asociado con el despotismo, o la llamada “mano dura”. Pero ello no tiene nada que ver con el presente.

Simón Bolívar había aparecido con el alba en el balcón de una casa que estaba justamente al frente de la Iglesia, secundado por su edecán, Bernardo Herrera, aquel estratega observaba como su rival y enemigo político caminaba en dirección de la Gólgota.

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